viernes, julio 19, 2024
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La mentira del bloqueo a Cuba explicada con cervezas

La pésima calidad de la materia prima para la fabricación de las cervezas en Cuba, en compañía de las condiciones insalubres para su fermentación, han hecho que decaiga la producción nacional de este producto. Sin embargo, ante estas falencias en un mercado movido por el turismo, el régimen buscó una solución: la importación. Así evidencian la farsa de la narrativa del bloqueo que alude el castrismo. Ahora, en los bares, cabarés y hoteles de La Habana desfilan marcas como Mahou, la Estrella Damm y hasta la Estrella de Galicia. De hecho, este país es el segundo mercado internacional de España, solo por detrás de Portugal.

La realidad es que, en honor a la verdad, Cuba no tiene bloqueo alguno. Es más, hay datos sobre cómo se mueve la actividad económica con países que le ofrecen recursos para importar, así como también tienen camaradas que compran sus productos y, en casos más extremos, condonan millonarias deudas, este es el caso de España. Según un informe socioeconómico de las cervezas españolas, de sus 4.1 millones de hectolitros vendidos en el exterior el año pasado, 832.000 terminaron en la isla. El crecimiento es clave para las compañías, debido a que reportan un alza de 62 % de sus exportaciones en comparación con 2021, 196 % al contrastar con 2022 y de 193% con 2023.

Los números tienen explicaciones. La cerveza Bucanero o Cristal, que también es conocida como “la preferida de Cuba”, ocupa el penúltimo lugar del ranking mundial de BeerAdvocate, al ser calificada como una de las peores. La bebida se ubica en escalón 249 de las 250 que conformaron la medición, luego de conseguir sólo 2,67 puntos de los cinco en disputa. El resultado hundió sus 30 años de comercialización.

Industria cubana en crisis
La debacle de la cerveza cubana frente a las españolas recae en la dictadura que lidera Miguel Díaz-Canel considerando que en 2023, la isla produjo 1.245.700 hectolitros. Si bien la cantidad supera los 816.000 del año anterior y el poco más de un millón de 2021, la cifra representa la mitad que el país producía antes de la pandemia, según el portal cubano 14ymedio. Las estadísticas lo comprueban. En 2018, Cuba registró 2.646.800 hectolitros de cerveza, en 2019, 2.586.900 y en 2020, la industrias cerró el año con 1.496.000 hectolitros de la bebida.

El alto costo en el mercado también incide y es cuando el juego de la oferta y la demanda toma el protagonismo y no, como se empeña en decir el castrismo, un bloqueo que impide cualquier comercialización. Por ejemplo, mientras el precio de la cerveza nacional suele venderse por encima de los 200 pesos cubanos cada lata, la española no supera los 170 pesos.

Con el panorama en contra, la conocida marca Bucanero aspira a mejorar su fabricación con la inversión de cuatro millones de euros prometida por la italiana Comac. Con ello se buscar potenciar el diseño y la construcción de una nueva planta en Holguín.

Negocio castrista con competencia
La preferencia de los cubanos por las cervezas españolas amenaza el millonario negocio del castrismo con la compañía azteca Cuauhtémoc Moctezuma, la cual importa a la isla la bebida emblema del consorcio: la rubia Sol.

Una investigación de YucaByte en alianza con ArmandoInfo, asegura que el mismo entramado familiar de la dictadura a cargo de las telecomunicaciones en La Habana, los servicios jurídicos, las transacciones del carbón y productos agrícolas, distribuye la bebida en el país desde hace cinco años.

Detrás de las importaciones destacan Marco Amorós, amigo de Sandro Castro, quien es nieto de Fidel Castro, como operador de la marca. Bajo la fachada de “embajador” de la compañía y en complicidad de Castro, quien gestiona algunos de los bares más caros en la capital, como el Fantaxy y el EFE, comenzaron a servir la cerveza entre turistas y nacionales.

Sin embargo, el reporte precisa que ambos sólo representan en público a una red de compañías registradas en México y Canadá que envía los cargamentos de cerveza a Cuba.

Quienes realmente están al frente de las operaciones a escala internacional son el empresario mexicano José Adato y Héctor Castro, otro sobrino nieto de Fidel Castro, quien además constituyó compañías en Europa a través de su bufete de abogados, Boza Abogados y Consultores SLP con el cual factura dos millones de dólares anuales. Con el negocio familiar en peligro cobra sentido que el régimen impusiera en abril un arancel especial de 20 % a las bebidas alcohólicas de afuera.

En la Moncloa debe resonar la medida. Sobre todo, cuando el gobierno del socialista Pedro Sánchez aboga en conjunto con el Grupo de Puebla la eliminación de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo.

Fuente: Panampost

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