viernes, julio 19, 2024
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Preparen la estilográfica real

HUGHES,

Tras la amnistía llega la financiación o cómo dar a Cataluña un concierto vasco sin que se note mucho.

El separatismo catalán, la ideología de base cómicamente racista de la oligarquía, ha usado al PSC para este particular. El PSC ha introducido conceptos como «singularidad» y «ordinalidad» que significan, hablando en plata, somos y seremos diferentes y no queremos que nuestro dinero se pierda en nadie que no lleve gafas de colores. Esta mercancía de difícil venta la introduce el PSC (creativos publicitarios) como caballo de Troya en el PSOE y cuando llega el momento, son los personajes más dotados para la aberración, ayudados por el duopolio del Ibex, los encargados de difundirla en el común.

Es el vuelta y vuelta de las masas alienadas y entonces llega, por ejemplo, Patxi López, al que no costará en absoluto vender la traición fiscal cuando ha vendido la de ETA. Será pan comido. Pero ¿cómo convencer o más bien justificar a los de la religión de la Igualdad el dar más a los más ricos?

«No se puede tratar igual a las cosas que son desiguales».

La equidad. Ir más allá de la Igualdad. Porque tratar igual a los que son diferentes los sigue dejando diferentes, así que hay que tratarlos de otro modo: tratar diferente a los diferentes para que acaben siendo iguales. Pero eso conduce a la Igualdad y el PSOE, de repente, pega un volantazo y a mitad de carretera de la «equidad» decide no ir a la Igualdad (La Meca) sino desviarse hacia la Diversidad (Las Vegas).

El PSOE inventa aquí y revoluciona la equidad: hay que tratar a los diferentes de forma diferente pero no para que acaben siendo iguales sino para que sigan siendo diferentes y, si es posible, cada vez más diferentes.

El PSOE retuerce la igualdad, la equidad y la diversidad para darle más a los que más tienen por la razón de que son diferentes. ¿O no es un catalán en cierto modo un poco como un trans o un subsahariano? ¿No merece por su diferencia un trato adaptado?

A ese ser más ricos y distintos lo han llamado singularidad, que suena mejor que diferencia y además «singularidad intrínseca», es decir, en su esencia, esencialmente. Ser singular es mejor que ser diferente porque blinda la diferencia. Hay negros, hay gais, hay mujeres y hay catalanes. Mi singularidad es que pagues tú. Si solo fuera una «diferencia» tendría un final.

Es una gran tomadura de pelo, diríamos que se encuentra en un percentil bastante alto dentro del mundo ya muy explorado de las tomaduras de pelo, pero la desorientación y desmoralización son generales. Las reacciones que llegan, por tanto, son mecánicas y esperadas. Cuando no teatrales. Los Inspectores de Hacienda, lo poquito que iba quedando del Estado en Cataluña, ya han hecho un escrito como asociación, como tantos hubo con la amnistía. En realidad es un grito gremial. Se oye el carraspeo de los barones, protesta la Chunta, y Felipe González dice que eso no se puede hacer porque es inconstitucional. El PP, fiel a su papel de oposición a la que el momento crucial le pilla siempre en el baño, no puede hablar muy alto porque ya defendió la financiación singular hace unos años.

El país encara el verano. La gente está a otras cosas y ninguno de los votantes del PSOE, grupos adyacentes y nacionalistas catalanes va a admitir que algo, lo más mínimo, los saque de su superioridad moral y su ilusión de avanzado cosmopolitismo progresista resumible, por ejemplo, en un anuncio de cerveza catalana que todos beberemos, bien amorrados. No solo van a conseguirlo, lo harán dando lecciones.

Así que el equipo de cortesanía debería ir preparando el instrumental: «Alteza, la estilográfica real ya está lista». Dicho un poco como se lo decían a Eddie Murphy en El Príncipe de Zamunda.

Fuente: La gaceta de la Iberosfera

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