viernes, julio 19, 2024
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¿Se terminó definitivamente la inflación en Argentina? ¿Puede volver a subir?

Marcelo Duclos,

La inflación desde que asumió Javier Milei viene cayendo en picada. Apenas se puso la banda presidencial celeste y blanca, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos le informó que el país ya tenía un 25,5 % de inflación mensual. La campaña de Sergio Massa, financiada en gran parte imprimiendo billetes, ya le pasaba la cuenta al nuevo gobierno.

A pesar de las complicaciones, la nueva gestión se tomó en serio la promesa de campaña del déficit 0. Así comenzó del primer día el ajuste, la reducción del Estado y se dejó de lado la emisión monetaria para financiar al pasivo del Tesoro. De esta manera, del 25 % de diciembre, la inflación llegó al 20 % en enero. La caída libre siguió en febrero, que arrojó un 13 %. Marzo, que era el “cuco” al que muchos temían, ya que es un mes que suele ser complicado en materia inflacionaria, también trajo buenas noticias: 11 %. La tendencia siguió a la baja en abril con un 8,8 %, pero el último número de mayo confirmó la fuerte desaceleración: 4,2 %.

Aunque muchos analistas hablan de “éxito”, puede que lo que haya que reconocerle al presidente Milei no sea solamente la excepcionalidad del programa monetario. Si hay algo por qué congratularlo, sin dudas es por su valentía a la hora de hacer lo que debía, contra de todos los poderosos intereses políticos. Lo que viene pasando con la inflación es absolutamente predecible. Solo se puede mostrar sorprendido algún incauto que le haya creído al kirchnerismo que el problema era “multicausal”, cuando toda la historia monetaria de la humanidad demuestra lo contrario. Argentina tenía una enfermedad muy concreta y, ante este escenario, comenzó a aplicarse el tratamiento adecuado.

Sin embargo, ante la brusca caída del último mes, que fue nada más y nada menos que a la mitad, muchos se preguntan si podrá continuar la tendencia o si la suspensión gradual y necesaria de los subsidios a las tarifas podría revertir la tendencia. Aquí en necesario hacer una reflexión, antes de ahondar en el tema.

La inflación no es el aumento de los precios, como suele creerse. Ese fenómeno, lo único que representa es la manifestación del problema. Cuando una persona tiene una infección seria, sin dudas que puede manifestar fiebre, pero en ese caso, hay que tomar antibióticos para solucionar la raíz del problema, además de poner paños fríos sobre la frente, para aliviar el malestar. Lo que el kirchnerismo proponía con sus controles y “congelamientos” de precios, no era otra cosa que romper los termómetros, para ocultar la realidad.

Como los precios de los productos de la canasta básica que todo el mundo consume se miden en unidades monetarias, los países suelen medir la inflación en base a un índice de precios al consumidor, como hace el INDEC argentino. Sin embargo, esto no es del todo preciso. Un índice adecuado para saber cuál es la inflación tendría que relevar la depreciación de la moneda exactamente. Ante esta complicación metodológica, se llega al estimativo inflacionario mediante la suba de los precios de lo que las personas consumimos habitualmente.

Ante las distorsiones como los precios regulados (que en realidad son resoluciones políticas administrativas, no precios) y las tarifas subsidiadas, durante el kirchnerismo el índice de inflación no brindaba información adecuada. Se tomaban precios artificiales y servicios con subsidios estatales para obtener índices amañados, aunque eran escandalosamente altos, aún con la trampa de por medio.

Ahora, a pesar de la notoria caída, lo cierto es que el IPC oficial tampoco es demasiado preciso. Si midiéramos la inflación real, evaluando exclusivamente la depreciación del peso, el resultado sería más bajo que lo que el mismo INDEC informa. Es que, mientras se reducen los subsidios de las tarifas y se sinceran los valores de la energía (tirando para arriba el índice de inflación), las personas ya comprueban que muchos precios libres (es decir, los precios reales) hace tiempo que ya muestran 0 % de aumento con el correr de las semanas.

Si la quita de subsidios detiene o revierte la tendencia en el corto plazo, el fenómeno en cuestión, si buscamos analizarlo con propiedad, no debería ser tildado de “inflacionario”. Se trata de un hecho diferente. Sin embargo, las tarifas “pisadas” forman parte de los valores que se miden para conseguir el IPC, que brinda todos los meses el índice de inflación.

Con respecto a la inquietud sobre si Argentina podría volver a caer en la pesadilla inflacionaria, sobre todo luego de la década del noventa y la convertibilidad, cuando el problema había pasado a ser un mal recuerdo, todo depende de hasta dónde pueda llegar el presidente Milei con su programa. Si durante su mandato puede solo estabilizar la economía, sin que se le permita avanzar hasta la promesa del cierre del banco central, lamentablemente el futuro es sombrío. Aunque la actual gestión no apele al déficit y a la emisión, todo hace pensar que en el futuro algún populista volverá a apelar a esa estafa, que no es más que un robo a la ciudadanía. Sobre todo, a los sectores de ingresos más bajos.

En cambio, si el actual mandatario continúa hasta el cierre del monopolio monetario, llegando a implementar la competencia de monedas, el futuro permite imaginarlo con mucho más optimismo. Con todo lo que viene sucediendo desde diciembre de 2023, más de uno se anima a creer en los “milagros”.

Fuente: Panampost

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