miércoles, abril 17, 2024
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¿Con Donald Trump no habría invasión rusa en Ucrania?

El progresismo internacional, y cierta parte del establishment global, aseguraban hace unos años que, si Donald Trump llegaba a la presidencia de los Estados Unidos, su gestión sería una amenaza a la seguridad global. Incluso, con eventuales guerras nucleares. Sin embargo, lejos de eso, a diferencia de sus predecesores no comenzó ningún conflicto y tuvo avances diplomáticos notables, hasta con Corea del Norte. Ante los hechos recientes en Ucrania, Trump aprovechó la situación y aseguró que nada de eso hubiese pasado bajo su gestión en la Casa Blanca.
“Conozco muy bien a Vladímir Putin, y él nunca habría hecho durante la administración Trump lo que está haciendo ahora, ¡de ninguna manera!”, aseguró el expresidente. Para Trump, la debilidad de Joe Biden, que ya habría quedado en evidencia con los hechos de Afganistán, forma parte del caldo de cultivo ideal para estas situaciones geopolíticas. “Ahora ha comenzado, los precios del petróleo están subiendo cada vez más, y Putin no solo está obteniendo lo que siempre quiso, sino que, debido al aumento del petróleo y el gas, se está haciendo cada vez más rico”, aseguró el expresidente norteamericano.
Claro que la proyección es absolutamente contrafáctica. Pero mirando los antecedentes y el estilo de Trump, si uno lo compara con la actual gestión de los Estados Unidos, al menos tenemos que darle el beneficio de la duda al empresario que buscará su segundo período en las próximas elecciones presidenciales.

Pero, aunque admitamos la tesis que “con Trump no pasaba” y acordemos que, ante lo que hay en el menú político estadounidense, él puede ser el mejor candidato para los comicios venideros, no todo se arregla con Trump ni con el “trumpismo”.

Estados Unidos logró ser potencia, no gracias a la gestión iluminada de un mandatario sino por sus instituciones sólidas. Las mismas trascienden las diferentes gestiones que, por más grandes que sean sus diferencias, mantienen un marco general. Es cierto que el Partido Demócrata viró vertiginosamente a la izquierda y que en el Republicano existe una corporación que hasta desprecia más a Trump que hasta el partido rival. El expresidente también fue víctima permanente de un establishment global que lo boicoteó por donde pudo, desde su precandidatura hasta el último día de gestión. Si a Obama le dieron el Nobel de la Paz, a Trump le tendrían que haber dado dos. Sin embargo, la progresía continúa tildándolo de nazi sin ningún argumento medianamente sólido.
Viendo el totalitarismo canadiense en el marco de la pandemia del coronavirus, y la actitud de países supuestamente civilizados como Australia, es lógico que todo un espacio considere que Trump debe tener una nueva presidencia para acomodar cuestiones fundamentales. Pero, aunque eso suceda, los cuatro años pasarán y el contexto será exactamente el mismo.
Ya sea dentro del Partido Republicano, como una fuerza nueva, o como un espacio transversal, los partidarios de Donald Trump tienen que dejar de lado el personalismo (que en cierta manera es necesario para la política) para pensar de nuevo en las instituciones. El mismo Trump asegura que es su mejor defensor. Puede que lo sea. Pero no lo será para siempre. Tiene fecha de vencimiento y es muy cercana. Lo peor que le podría pasar al espacio conservador de los Estados Unidos es poner todas las energías en un segundo mandato y después caer en una nostalgia necrofílica como el peronismo argentino.
Estados Unidos tiene urgencia y necesita correcciones. Occidente también necesita desesperadamente su liderazgo. Trump puede ser un paso en esa dirección, pero sin nuevos cuadros políticos y un espacio consolidado a futuro al empresario lo sucederá el Biden o el Obama de turno. Y tanto demócratas como republicano tienen sobra de ellos.
Fuente: PanamPost

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