martes, mayo 21, 2024
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El cierre de Télam es una excelente noticia por muchas razones

Luego de la noticia del cierre definitivo de la agencia de noticias estatal Télam, los espacios críticos al gobierno de Javier Milei salieron con la batería de argumentos más predecible. Señalaron que se trata de una gestión que atenta contra la libertad de prensa y solicitaron que si existían irregularidades que se corrijan, pero que no se cierre.

Aunque muchos se manifestaron tan sorprendidos e indignados por la decisión del Poder Ejecutivo, lo cierto es que nada de lo que está sucediendo puede tomarlos por sorpresa. Desde que irrumpió en los medios, el actual mandatario se muestra partidario de un modelo que reduzca el Estado a sus funciones básicas como seguridad, defensa y justicia, atendiendo de la forma más eficiente y complementaria cuestiones de los ámbitos de salud y educación. En el esquema que votó la gran mayoría de los argentinos, no hay lugar para agencias estatales de prensa ni para pauta publicitaria gubernamental para medios y periodistas.

Claro que cuando Milei manifestaba estas cuestiones, los que hoy no comprenden que pasa en el país se dividían entre los que subestimaban su popularidad y los que lo acusaban de locuras, como por ejemplo, le tachaban de “nazi” por usar una campera de cuero. En aquellos momentos no reparaban en lo más mínimo en el contenido de sus propuestas.

El cierre de Télam no tendría que sorprender a nadie, como tampoco debería hacerlo los futuros cierres de Radio Nacional, la Televisión Pública y todos los medios del Estado. Es más, si esto no llegara a ocurrir, los indignados seríamos los votantes del actual gobierno, que lo llevamos a la Casa Rosada para que haga justamente esto: reducir drásticamente el sector público, devolver al Estado a sus funciones y terminar con los aparatos de propaganda y persecución política con los que cuenta el populismo cada vez que llega al poder.

La historia de Télam es escalofriante. Fue inaugurada por la génesis del primer peronismo, en los años que el Estado tenía afinidad con el eje nazi-fascista. Sirvió como herramienta para la campaña de Juan Domingo Perón en 1946 y estuvo al pie del cañón para justificar al líder mesiánico y su gobierno autoritario. Luego fue privatizada por el radicalismo, pero nuevamente estatizada por otra dictadura: la de Juan Carlos Onganía. Sin embargo, el último proceso militar liderado por Jorge Rafael Videla fue el que más “le sacó el jugo”, ya que combinó el accionar con los servicios de inteligencia con finalidades políticas. Durante el menemismo pudo haber sido privatizada, pero sobrevivió a la década del noventa y al gobierno de Fernando de la Rúa y al interinato duhaldista. Con el kirchnerismo, Télam se convirtió en una burda agencia de propaganda gubernamental. Su propio titular reconoció que prefería “periodistas militantes” a “periodismo profesional”. Durante el macrismo bajaron el tono, pero siguió siendo bolsa de trabajo del gobierno actual. Con la llegada de los Fernández volvió la costumbre propagandista.

Es curioso que el progresismo, que suele asociar absolutamente todo a “la dictadura” olvide el pasado de una herramienta de todos los procesos dictatoriales del país a la hora de justificar el sueldo de un grupo de militantes. En fin, la hipocresía de siempre.

Muchos buscan justificar el cierre con cálculos utilitarios: se trata de la agencia con más empleados y más presupuesto, pero con menos resultado. Sin embargo, para la concepción liberal del gobierno, los medios públicos no deben existir. Sean profesionales o no. No es función del Estado tener medios de comunicación, mucho menos cuando internet lleva a todos los rincones del país todos los medios del mundo. Si en algún momento se utilizó la excusa que estas agencias y señales eran la única opción para los lugares más recónditos de Argentina, esto ya no corre más.

Esta mañana, con las entradas valladas y la policía en la puerta del edificio, el vocero presidencial, Manuel Adorni, fue increpado en el encuentro con los periodistas. Le preguntaron si el gobierno no se estaba comportando como una “dictadura”. Fiel a su estilo, el economista respondió con el monosílabo “no”, para el deleite de la platea libertaria. Pero lo cierto es que hay mucho más que aclarar. Sobre todo, que en Argentina la libertad de prensa se encuentra absolutamente vigente. Todos los medios tienen la absoluta libertad para expresarse, como lo hacen hoy, cuando varios tildan a Milei de autoritario. Lo único que cambió, es que el periodismo tendrá que ser redituable por sus propios medios, como lo hacen todos los trabajadores y las empresas del sector privado. Las dictaduras censuran las voces. Aquí se está cortando con el financiamiento coercitivo.

Es curioso que los trabajadores de Télam (que hasta cantaban canciones partidarias kirchneristas en la redacción) argumenten que cumplían un rol fundamental, incluso abasteciendo de material a los medios privados. Si es así, tienen la oportunidad ideal para agruparse en una cooperativa y seguir en funciones. Nadie los detiene. El Poder Ejecutivo debería otorgarles hasta el derecho sobre el nombre para que lo exploten en libertad. La Constitución les garantiza a ellos el derecho a la asociación, a la propiedad y a la libertad de prensa. Lo único que no pueden pretender es que sigamos pagándoles el sueldo.

Argentina ha dado otro paso en la buena dirección. Faltan ahora Radio Nacional, la Televisión Pública, entre tantas cosas.

Fuente: Panampost

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