viernes, julio 19, 2024
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El desertor

CAMILO LORET DE MOLA,

Adolfo creyó que había resuelto su vida regresando a Cuba hasta que sus compañeros de aventura lo llamaron desde el frente ucraniano.

En su estampida había dejado abandonados sus documentos, la chapilla y hasta la tarjeta bancaria con que le habían efectuado sus primeros pagos como mercenario. Y sus “vivos” colegas cubanos se las habían arreglado para sacar dinero de la tarjeta.

Sin darle tiempo a preguntar cómo habían conseguido su teléfono en La Habana los mercenarios del lado de allá le pidieron que hablara con un fiscal ruso, que dijera que los había autorizado a cobrar, porque los querían meter presos. Que total, ya él había renunciado al dinero y a ellos esos billetes les hacían mucha falta.

Cuando le pusieron al fiscal al teléfono Adolfo no pudo explicar nada, el tipo enseguida lo atacó llamándole desertor y asegurándole que irían por él, pues del ejército ruso nadie se burlaba. Entonces Adolfo decidió buscarnos para que lo ayudáramos a salir de Cuba y denunciarlo todo.

Adolfo es médico de profesión y en febrero del 2024 firmó un contrato desde la isla para trabajar en Rusia, supuestamente como constructor. Todo por internet y gracias a la recomendación de un amigo.

Viajó con 14 cubanos que sí sabían que serían carne de cañón, mercenarios para la guerra en Ucrania. En el avión se burlaban cuando les decía que su contrato era distinto. Finalmente llegaron a la escuela de paracaidismo en la ciudad de Ryazán y cuando les entregaron chalecos antibalas, uniformes y cascos Adolfo entendió en lo que estaba metido y se negó a pelear.

Lo amenazaron con años de cárcel, lo forzaron a ponerse el uniforme y le mostraban el contrato en ruso que había firmado y del que supuestamente no entendía una palabra.

Se sobremedicó con pastillas para la presión y no tuvieron más remedio que llevarlo al hospital a bordo de un helicóptero que cargaba muertos y heridos de guerra. Por suerte un enfermero le ayudó a recuperar el pasaporte y escapar a Moscú. Desde allí con asistencia de una prima consiguió el pasaje con destino a Varadero y volvió a la isla, un mes después de su salida.

La periodista cubana Sasha Borrego, (quien trabaja con la inteligencia ucraniana e incluso ha trasmitido desde la zona de conflicto), me confirmó que Adolfo estuvo enrolado: sus contactos ucranianos certificaron como reales el contrato, la chapilla y hasta la tarjeta bancaria. Pero ella no se siente cómoda con la historia de su inocencia, “aparentemente no puede leer el contrato y luego es capaz de comunicarse para decir que no quiere pelear, ¿aprendió ruso en tres días?”.

Me dice que hay alrededor de cinco mil cubanos mercenarios y que no es el primero que se arrepiente cuando llega a la zona de los cañonazos. “Una cosa es pensar en los miles de rublos y la residencia en Rusia y otra muy distinta ver los muertos en el frente”.

Sobre la posibilidad de ayudarlo a salir de la isla Sasha no es optimista, “para países como Estados Unidos es un mercenario más, con sueldo cobrado y todo. Y para los aliados de Putin es un desertor que debe ser juzgado por Rusia”.

Sasha cree que Cuba es el lugar más seguro para Adolfo, “lo dejarán tranquilo porque no quieren revolver el avispero, que no se sepa el montón de jóvenes que se van como mercenarios y luego revientan bajo los drones ucranianos, ¡imagínate la baja cubana más reciente era barbero de un pueblito de Las Villas!”.

Quizás Adolfo esconde parte de su historia, pero siempre me dejó claro que cometió el peor error de su vida montándose en ese avión y que ahora tiene mucho miedo.

Sasha me recomienda que lo deje solo con sus demonios. Yo le insisto que tal vez podemos ayudarlo a enmendar su mundo, para que salga de ese hueco donde el mismo se metió, pensando que podía mejorar su vida y la de su familia.

Fuente: Diario Las Américas

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