miércoles, abril 17, 2024
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Gabriel Boric, el marxista posmoderno que convertiría a Chile en bastión comunista de China

Este domingo 19 de diciembre ocurrió algo inesperado para la derecha en Chile. Quien había quedado en segundo lugar en la primera vuelta del 21 de noviembre, Gabriel Boric, llegó en la segunda vuelta a ganar la presidencia con 55,87 % de los votos, dejando al ganador de la primera vuelta, José Antonio Kast, en sólo 44,13 % en el balotaje. Kast ganó en la primera vuelta con 27,9 %, cuando Boric obtuvo 25,8 %.
Es interesante reflexionar, como un ejercicio poselectoral, que si a ese 25,8 % que obtuvo en la primera vuelta Boric, se le hubiera sumado el 11,6 % de Yasna Provoste –quien traicionó a la democracia cristiana en sus más profundos valores al apoyar al comunismo que quema iglesias–, el 7,6 % de Marco Enríquez Ominami (el coordinador ejecutivo del Grupo de Puebla), y el 1,5 % de Eduardo Artés, habría sumado un total de 46,5 %.
En el otro lado, si al 27,9 % que obtuvo Kast en la primera vuelta, se le hubiese sumado el 12,8 % de Franco Parisi, y el 12,8 % del oficialista Sebastián Sichel, habría obtenido 53,5 %.
Dicho de otra manera, en la expectativa para los simpatizantes de Kast, para la segunda vuelta, basada en los porcentajes de la primera y hacia quienes se decantarían los votos de los otros candidatos que quedaron fuera, el resultado habría sido 53,5 % para Kast y 46,5 % para Boric.
Hubiera podido ser un triunfo apretado de Kast, pero no fue así. Realmente sus seguidores no vieron venir que ganara Boric con los 11 puntos de diferencia de los resultados oficiales: 55,87 % para Boric y sólo 44,13 % para Kast.
Hay que aclarar que nadie habla de fraude y el propio José Antonio Kast fue el primero en salir a reconocer el triunfo de Boric. Sin embargo, hasta ahora nadie ha sabido explicar cómo cambiaron las cosas de esta manera entre el 21 de noviembre y el 19 de diciembre.
Un video que circuló en redes sociales causó polémica.

Se trata de un breve análisis sobre lo que sucedió en el programa televisivo “Tú decides 2021, el Chile que viene”, de Tele 13, o T13, que habría salido al aire a las 5:00 de la tarde del domingo 19 de diciembre, hora en que aún no se cerraban las urnas, que estarían disponibles para recibir votos hasta las 6:00 pm, pero que sorprendentemente ya mostraba los porcentajes obtenidos por ambos contendientes, mismos que se conocieron sólo hasta horas más tarde: 44,67 % para Kast, y 55,33 % para Boric.
Con el triunfo de Gabriel Boric empezaron claramente los problemas en Chile. En su primer discurso, habló ya de redistribución de la riqueza… ¿Forzosa? ¿O acaso mediante nacionalizaciones, y expropiaciones, como atisba el analista boliviano Hugo Balderrama?

“No queremos que sigan haciendo negocio con nuestras pensiones”, dijo Gabriel Boric a las 10:00 pm del domingo 19. Y habló de crecimiento y “distribución justa de la riqueza”. Y eso, en palabras de un comunista, no augura nada bueno. ¿Su gobierno va a hacerle al Robin Hood marxista, quitarle a los ricos para supuestamente dárselo a los pobres, acaso sin respetar la propiedad privada, los negocios ajenos, legales? Como comunista se sentirá con el respaldo social suficiente para imponer ese sistema económico, bajo el rostro del “socialismo blando”, ese que llega al poder por las urnas, pero se perpetúa con asistencialismo y miles de artimañas, además de la complicidad y cobijo de las mafias del Foro de Sao Paulo y del Grupo de Puebla.
También habló de “machismo y sociedad patriarcal”. Porque Boric es todo un ejemplo, icónico, de marxismo posmoderno, que reúne el resentimiento social de la izquierda de la vieja escuela, la que odia al acaudalado, y a esto le suma los odios de los supremacismo marxistas: el feminismo, la agenda LGBT, y el indigenismo.
Un joven de 35 años cuya inexperiencia en el gobierno y al mismo tiempo, su sobreideologización, resultan en una combinación peligrosa. Y a eso se agrega que no sabe ni qué pastillas toma cuatro veces al día para controlar su trastorno obsesivocompulsivo.

Los mercados son sensibles a regresiones brutales como la que significa la llegada de Boric, que recuerda a la carestía y crisis permanente del gobierno de Salvador Allende.
El tipo de cambio estaba en 842,13 pesos chilenos por dólar el viernes 17 de diciembre. La expectativa de que ganara José Antonio Kast, quien representa estabilidad económica, había hecho que bajara a ese nivel, ya que había estado antes, el día 15, en 850,63.
Pero entonces vino el triunfo de Boric, y el dólar se disparó a su nivel más alto en muchos meses, llegando el lunes 20 a 870,61 pesos por dólar. Incluso subió más, alcanzando ya un máximo histórico de 872,61 (y en algunos sitios se cotizó hasta en 875,21), lo cual implica un brinco de al menos 30 pesos con respecto al nivel del viernes 17.
No había estado así desde el 18 de marzo de 2020, cuando Chile entraba en problemas por la pandemia del COVID-19. Y la cosa no para ahí: se advierte que podría elevarse por encima de los 900 pesos.
A su vez, la Bolsa de Santiago se desplomaba en 7,27 % con la llegada de Boric a la presidencia. Los mercados no son tontos, no creen en ideologías, y todo inversionista sabe muy bien que el comunismo es la peor amenaza a la estabilidad económica.
Y como era previsible, por supuesto, el litio no tardará en ser nacionalizado, controlado por el Estado, lo que hará frotarse las manos al Partido Comunista de China (PCCh). Porque Chile es el mayor productor en el mundo de ese metal clave para los autos eléctricos y otros aparatos, con una producción de cerca de 150.000 toneladas anuales.

Hoy en día este metal es explotado mediante la empresa mixta Sociedad Química y Minera de Chile – Soquimich, que seguro Boric ve con muy malos ojos, no sólo por su carácter “neoliberal”, sino porque Julio Ponce Lerou funge como presidente, pero además estuvo emparentado con Augusto Pinochet, de quien fuera su yerno.
El pasado 1ro. de diciembre Boric tuiteó lo siguiente:

El país de Mao Tse Tung ya sostiene un tratado de libre comercio con Chile, donde tiene presencia con empresas del sector energía, como Three Gorges y la gigantesca State Grid, propiedad del gobierno chino que ya compró a la Compañía General de Electricidad (CGE), la más grande empresa eléctrica de Chile. Boric podrá reformar algunos párrafos de ese convenio, de manera que el litio sea la pieza central para que Chile se convierta en la punta de lanza de la hegemonía china en América. Esto le imprimiría gran liderazgo a Boric en el continente, ya que tendría el respaldo geoestratégico de China, que eso sí, no es nada gratuito.
Para este fin le urge al marxista posmoderno Gabriel Boric dar un manotazo a la libertad empresarial, siguiendo el ejemplo de su admirado Evo Morales, que nacionalizó el litio, pero allá para sólo producir fracasos económicos.
Chile, así, será en automático el edén de China en América, con lo que Xi Jinping intensificará su poder geopolítico en nuestro continente, y desde esa base coadyuvará el PCCh a auspiciar a más candidatos de izquierda en años venideros. Y mientras esto sucede, Joe Biden no mueve un dedo. Focos rojos para la libertad continental, el Dragón Rojo ya está aquí.
Fuente: PanamPost

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