sábado, abril 20, 2024
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México exige visa de turismo a venezolanos y deja en la incertidumbre a solicitantes de asilo

July Rodríguez y Lizbeth Guerrero responden desde sus casas en Ciudad de México a decenas de preguntas de ciudadanos venezolanos que llegan a las redes sociales de Apoyo a Migrantes Venezolanos, la organización sin fines de lucro que inició hace 4 años y 7 meses para orientar y proveer asistencia legal a inmigrantes en México.
Desde que el gobierno de Andrés Manuel López Obrador anunció el pasado 6 de enero la imposición de una nueva visa de turista para ciudadanos de tres países: Brasil, Ecuador y Venezuela, el flujo de llamadas a Apoyo a Migrantes Venezolanos de personas de la comunidad venezolana que desean migrar a México se ha incrementado.
«Hemos estado atendiendo a personas quienes antes de la medida de la visa habían comprado el pasaje con la intención de venir a vivir a México y ya habían vendido todo lo que tenían en Venezuela», dice July Rodríguez. «Al haber impuesto la medida de forma tan precipitada afectó a muchas personas que estaban fuera del país y que tenían planeado ir a México a vivir, a solicitar el asilo, o a visitar a sus familiares».
El Gobierno de México justificó la decisión, cuya repentina implementación dejó a cientos de venezolanos varados en distintos aeropuertos de la región, señalando que más de un tercio de los venezolanos que llegaron a México entre enero y septiembre de 2021, lo hicieron para incurrir en “tránsito hacia un tercer país“, según lo indica el anteproyecto publicado por la Comisión Nacional de Mejora Regulatoria de México (Conamer).
El documento también sostiene que datos de la autoridad de migración en México sugieren un incremento en la llegada de migrantes superior a 1000% en los primeros nueve meses de 2021, en comparación con los cinco años previos.
«El ejemplo más cercano de un país estableciendo políticas fronterizas para defender los intereses de un tercer país es el de las imposiciones de la Unión Europea en países como Turquía, por ejemplo, para evitar que los sirios u otros refugiados lleguen a Europa. Esto ocurre cuando países poderosos tienen el deseo de no recibir refugiados», dijo Dany Bahar, investigador no residente en el programa de Desarrollo y Economía Global de Brookings Institution y profesor asociado de asuntos públicos e internacionales en el Instituto Watson de la Universidad Brown.
La nueva medida de la visa de turista obstaculiza la posibilidad que tienen los ciudadanos venezolanos de pedir asilo en México debido a que la normativa del refugio establece que debe ser pedido en el territorio mexicano, en los siguientes 30 días desde el ingreso al país, y no desde el extranjero.
«El Gobierno mexicano no ha dicho, hasta la fecha, nada sobre cómo va a operar la figura del refugio luego del establecimiento de la medida de la visa, o qué va a suceder con las personas que realmente necesitan refugio», dijo Lizbeth Guerrero, abogado y cofundadora de Apoyo a Migrantes Venezolanos.
La visa de turismo impuesta a ciudadanos venezolanos que deseen ingresar a México estipula que el aplicante debe demostrar arraigo a su país y solvencia económica.
Los solicitantes deben demostrar un mínimo de 2,530 dólares en sus cuentas bancarias, con certificaciones bancarias originales. Deben pagar además 44 dólares por el derecho a la entrevista con los funcionarios del servicio consular de México, y proveer una constancia de trabajo reciente y un comprobante de retención de cuotas de seguridad social del Instituto Venezolano de los Seguros Sociales del empleador. Otros documentos de posesión de bienes o participaciones en negocios deberán estar avalados por el Registro Público de Venezuela.
«La medida pone en riesgo a nuestra gente que necesita de esta protección internacional establecida y reafirmada por México en tratados internacionales», dijo July Rodríguez.
En el caso de la visa para estudiantes se requerirá demostrar una solvencia económica de 500 dólares.
«El efecto principal de la visa de turista a ciudadanos venezolanos en México es el mismo que sucede cuando cierras cualquier mercado. Al cerrar un mercado, aparece un mercado negro. Cuando cierras las fronteras formales, entonces las fronteras informales se llenan», dijo Bahar. «Lo que sabemos de los procesos migratorios es que los inmigrantes, y en este caso, refugiados, que es un término más correcto, no deciden salir. Y mucho menos deciden salir basándose en si la frontera está abierta o no. Ellos huyen. Y seguirán tratando de entrar a México y Estados Unidos de manera irregular porque las razones que les hacen huir siguen presentes».
México ha tenido una larga historia como país receptor de migración. En el siglo XX, recibió refugiados procedentes de la entonces recién formada Unión Soviética, entre ellos a León Trotsky. También dió acogida a 150,000 republicanos españoles que huían de la guerra civil en su país, así como a alemanes e italianos huyendo de la dictadura fascista de Benito Mussolini y la Alemania Nazi de Adolf Hitler. También fue el país anfitrión de peruanos y chilenos que huían de las dictaduras en sus países; y de salvadoreños, guatemaltecos y nicaragüenses refugiados de las guerras civiles de América Central entre las décadas de los 70 y los 90.
147 países, incluido México, firmaron la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados de 1951, que establece quién es un refugiado, el tipo de protección legal y de asistencia que debería recibir por parte de los estados signatarios y los derechos que deben ser garantizados. Este acuerdo internacional fue creado para dar respuesta al alto número de refugiados de la Segunda Guerra Mundial que estaba disperso por Europa. No obstante, en el Protocolo de 1967 se amplió el alcance de la Convención sobre el Estatuto de los Refugiados al reconocer que el desplazamiento de personas era una situación presente en el resto del mundo.
México también forma parte de los países que firmaron La Declaración de Cartagena sobre Refugiados de 1984, un documento internacional, de carácter regional y no vinculante, en el que se ampliaron las definiciones de refugiado y se propusieron nuevos enfoques solidarios y de cooperación para atender las necesidades humanitarias de las personas refugiadas y desplazadas.
Los países firmantes de La Declaración de Cartagena establecieron el compromiso de respetar el principio de no devolución de los refugiados, prohibiendo el rechazo de ingreso en las fronteras, y se comprometieron a estudiar «las posibilidades de lograr la integración de los refugiados a la vida productiva del país».
«Es triste ver a México poner restricciones a la migración venezolana de esta manera. México se diferenciaba de otros países porque aplicaba de facto la declaración de Cartagena, que reconoce a los inmigrantes venezolanos y les otorgaba el estatus necesario para poder integrarse, cosa que no debemos dar por sentado en otros países de la región», dijo Bahar.
Por si fuera poco, México también participó en la Declaración de Nueva York para los Refugiados y Migrantes del 2016, en la que se expresó la voluntad política de los dirigentes del mundo a salvar vidas, proteger derechos y compartir la responsabilidad a escala mundial. A su vez, lideró el Pacto Mundial de Migración Segura, Ordenada y Regular de 2018, acordado por todos los estados miembros de la ONU excepto Estados Unidos, Austria, Australia, Bulgaria, Estonia, Hungría, Israel, Polonia, República Checa, y República Dominicana.
El pacto pone de manifiesto la voluntad de «aprovechar los beneficios de la migración y proteger a los migrantes indocumentados». Los embajadores de México y Suiza ante la ONU lideraron el proceso que llevó a la adopción del documento en Marruecos en diciembre de 2018.
El entonces Representante Permanente de México ante la ONU y actual embajador de México en Canadá, Juan José Gómez Camacho, celebró la adopción del pacto.
«Hemos entendido todos que la única forma de abordar este fenómeno es a través de la cooperación», dijo Gómez Camacho en el comunicado de prensa del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales anunciando el acuerdo final. «El pacto ofrece procedimientos que permiten que los Estados gestionen la migración de una manera eficaz y totalmente humanitaria, garantizando los derechos humanos del migrante».
Fernando Caballero es un refugiado venezolano en México de 63 años de edad. En 2018 salió de Venezuela por miedo a ser apresado, después de haber avanzado denuncias por el encarcelamiento de su hijo Fernando Caballero Gálve, entonces estudiante de Economía de la Universidad Central de Venezuela, quien participó en las protestas de 2017  y estuvo detenido durante 4 meses en los calabozos del Helicoide, en Caracas.
En Venezuela, Caballero dejó atrás su propia agencia de publicidad, su oficina y su casa. A los dos días de haber llegado a México, solicitó asilo político.
«En esa época era una garantía que nos iban a dar apoyo porque era obvio lo que estaba pasando en Venezuela. No había fuentes de trabajo, comida, gasolina, medicinas. A los 8 meses, tuve mi refugio otorgado».
Sin embargo, la imposición de la visa de turismo a ciudadanos venezolanos en México ha complicado los planes de reunificación familiar de Caballero. Su esposa y su hijo de 8 años no pueden entrar como turistas y pedir el asilo, como establece la ley mexicana.
«Esta medida nos hace prácticamente imposible traer a nuestros familiares. Nuestra familia está en unos niveles de tristeza y desesperación que no sabemos cómo manejar. No sabemos qué hacer», dijo Caballero.
Al no poder llegar a México a solicitar el asilo, que es un trámite gratuito para obtener la residencia permanente y reunirse con su familia, la única alternativa es hacerlo a través de reunificación familiar que exige tener ingresos estables mensuales, una serie de documentos apostillados, costos adicionales relacionados con el viaje y el pago del trámite a la autoridad migratoria en México.
«Mi familia y yo vivimos con el impacto psicológico, motivacional y afectivo de no poder estar juntos. Con tu gente adorada y querida de tu sangre», dijo Caballero. «Pero por otro lado, tenemos que sacrificarnos porque llueva, truene o relampaguee; llores, chilles o maldigas, tu gente allá depende de ti».
Fuente: Prodavinci 

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