jueves, febrero 22, 2024
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Esperando por Charles Dickens en La Habana

FRANK CALZÓN,

Charles Dickens es un famoso novelista inglés del siglo XIX, autor de la novela “La Historia de Dos Ciudades”, sobre Paris y Londres durante la revolución francesa. Si Dickens viviera hoy, quizás escribiría “La Historia de dos Islas, Cuba y Taiwán. Me explico.

A 81 millas de China, Taiwán es una vibrante democracia, que acaba de elegir como presidente al líder de la oposición. A 90 millas de los Estados Unidos, Cuba que es gobernada por el Partido Comunista, celebró elecciones de la Asamblea del Poder Popular recientemente. En la Perla de las Antillas, los resultados desde 1959 son siempre los mismos. El parlamento tiene 470 escaños, y los cubanos eligieron por unanimidad a los 470 candidatos que les fueron presentados.

Hace años, desde La Habana, Andrés Solares escribió una carta al senador Edward Kennedy para preguntarle sobre el funcionamiento de los partidos políticos y de las elecciones. La carta fue interceptada por la Seguridad del Estado. Andrés Solares fue condenado a prisión y reconocido como “prisionero de conciencia” por Amnistía Internacional. Cuando el senador dio una conferencia en la Universidad de Harvard en Boston, un grupo de estudiantes cubanos exiliados publicaron un anuncio en el periódico universitario The Crimson, sugiriéndole a los estudiantes que pidieran a Kennedy que ayudase a Solares. El anuncio se titulaba: “Andrés Solares no puede escribirle al Senador Kennedy, pero usted si”. Semanas después Solares fue excarcelado y viajó a Washington, y pude acompañarlo cuando fue a darle las gracias a Ted Kennedy.

La comparación entre Taiwán y Cuba es instructiva. En 1959, el producto nacional bruto de Cuba era $3,600 dólares, más alto que el de Taiwán que era $2,118 dólares. En 1959 el peso cubano valía un dólar. Hoy, un dólar se cotiza en La Habana por 300 pesos cubanos. Ahora el producto nacional bruto asciende a $8,326, y el de Taiwán es más de $40,000, aunque Taiwán es más pequeña que Cuba.

Algunos culpan al embargo norteamericano por el hambre y la crisis económica, pero durante el 2023, fueron los millones de dólares de las remesas que enviaron los cubanoamericanos lo que hizo posible que el gobierno comprara toneladas de pollo congelado en Nueva Orleans. El cargamento de pollo no sale del puerto hasta que reciben el dinero porque Cuba debe miles de millones de dólares a bancos y gobiernos. Cuba nunca pagó por los automóviles argentinos o los autobuses húngaros comprados hace varias décadas.

Y el “bloqueo imperialista” no es obstáculo para la construcción de hoteles de lujo maravillosos para extranjeros, mientras edificios y viviendas se derrumban por falta de mantenimiento. Al bloqueo le echan la culpa por la falta de ambulancias, pero los habaneros ven los nuevos y relucientes automóviles patrulleros de la policía.

Cuba por más de doscientos años era conocida como la azucarera del mundo. Durante la Segunda Guerra Mundial donó cargamentos de azúcar a países aliados europeos. Años más tarde había todavía cubanos que recordaban las cartas de agradecimiento de las familias británicas. Cuba ha tenido que comprar azúcar de Francia. Pero la escasez de alimentos es generalizada. Un campesino que se atreve a vender un pollo, frijoles o la leche de su vaca a otro cubano, es encarcelado. Los campesinos cubanos, como en su día los rusos bajo Stalin, tienen que vender lo que producen al estado, al precio que el estado determina. Es la misma fórmula que ha desatado hambrunas en Corea del Norte, mas no en Corea del Sur que es una democracia.

Hace varias semanas, el gobierno cubano dijo que la escasez de azúcar terminaría en cuanto un barco atascado en el Canal de Panamá llegara a puertos cubanos, pero no han anunciado ninguna medida para aumentar la producción de azúcar cubana, ni sobre el pescado racionado en una isla tropical, rodeada de mares repletos de mariscos y peces.

No hay racionamiento de alimentos en Taiwán ni presos políticos, ni censura de prensa y como China Comunista insiste en que ocupará a Taiwán a las buenas o a las malas, Taiwán fortalece sus defensas y Estados Unidos y sus aliados le brindan recursos bélicos importantes. Es un peligroso juego geopolítico donde La Habana apoya vigorosamente a Beijing, un asunto prioritario en el Congreso y la Casa Blanca, como lo es el apoyo de La Habana a la invasión rusa de Ucrania; asuntos que son un serio impedimento a una verdadera y productiva normalización entre Washington y La Habana.

Frank Calzon es un politólogo cubano.

Fuente: Diario Las Américas

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